viernes, 9 de agosto de 2013

Televisión y cultura de masas (Theodor Adorno)


¿En qué se parece el mundo a una pelota?

               Por defecto, en la actual sociedad del consumo se tiene una predilecta inclinación por lo personal, el subjetivismo y el individualismo. Un modo de entender la vida en el que al igual que en el romanticismo, se premia la originalidad frente al espíritu racional y crítico que caracterizan a la Ilustración. Ahora en cambio hacemos uso de las verdades pragmáticas. La lucha entre inspiración y conocimiento se ve reflejada en los poemas de Bécquer, este utilizaba un lirismo no declamatorio, es decir, sencillo de forma, emotivo y cercano al lector. Con esto conseguía el mismo efecto que la música programática del romanticismo, la cual sostenía que la verdad no podía ser deducida a partir de axiomas, sino que en el mundo había realidades inevitables que sólo se podía captar mediante la emoción, el sentimiento y la intuición. Beethoven tenía 8 años en 1778 cuando Jean-Jacks Rousseau (autor con ideas políticas y sociales basadas en la voluntad general y la soberanía del pueblo) murió. Más tarde mostraría interés por sus escritos. También manifestaba admiración por Napoleón y criticaba con acritud a la aristocracia. Impresionado por los éxitos de Napoleón, compuso su Tercera Sinfonía, a la que tituló “Bonaparte”, pero al enterarse de la proclamación de éste último como emperador, renegó de su ídolo y cambió el nombre de dicha obra por la de “Heroica”. Pero ya no es solo que dentro de la música clásica surjan movimientos de oposición reactiva a otros anteriores, sino que además la cultura de masas, que digamos juega en una liga inferior, tiene la capacidad de transformar los contenidos pertenecientes o de origen en la cúspide intelectual. Como sucede en la película Moulin Rouge, que versiona la Galop Infernal de Offenbach durante el ensayo improvisado en el interior del elefante.

               Llegados a este punto hemos de volver a reflexionar sobre la controversia de la autenticidad del arte en la era de la reproducibilidad técnica. En este ámbito, si asumimos que el aura de una obra nace de la intencionalidad y del contexto en que la obra fue creada, y de las reacciones y emociones que fue capaz de suscitar en sus coetáneos, pensaríamos que una simple copia técnica carece de autenticidad. Pero si descontextualizamos o reinterpretamos una obra, mezclándola con relatos fragmentados de la actualidad que aporten nuevos matices al sentido de la obra, el sentido de la obra cambia aunque comparta los mismos símbolos. En definitiva de eso se trata: de aprovechar el imaginario y símbolos interiorizados por la sociedad a lo largo del tiempo, pues su vínculo emocional será sólido.

               Este mismo proceso de reelaboración lo sufrió el poema Oda a la Alegría del poeta alemán Friedrich von Schiller, al igual que Beethoven, Friedrich leía a Rosseau y también a Voltaire, dos impulsores de la ilustración. El primer paso lo dieron los estudiantes Franceses que en 1792 comenzaron a cantar la letra con la música de la Marsellesa, esta canción sería prohibida durante el Imperio, la Restauración y la Segunda Guerra Mundial. Si nos paramos a pensar, los estudiantes del bloque de los aliados acompañaban su himno con la letra del poema de un hijuelo que pertenecía a las tierras de lo que después sería el eje. En este mismo 1792, Beethoven realizó una composición para acompañar este poema que más tarde acabaría convirtiéndose en el himno de Europa. ¿Qué opinarán los alemanes, teniendo en cuenta su peso dentro de la Unión Europea de tener un himno popular entre los soldados franceses que fue creado por un alemán (y puede que este último dato sea irrelevante, porque como hemos visto, es casi más importante lo que los públicos hacen con la información que la autenticidad o el sentido inicial)? Lo más probable es que no se acuerden, pues la masa no tiene memoria.

               Las palabras se las lleva el viento, pero las necesitamos para definir la realidad. Las palabras adquieren connotaciones variables en el tiempo. Cada persona asimila connotaciones distintas de las palabras partiendo de su experiencia. Es habitual que cuando dos personas no coinciden en la definición de un concepto se propicie un conflicto. Las diferentes percepciones de la realidad que los públicos tendrán sobre nosotros dependerán de cómo nos contemos. Por ello la publicidad se ha convertido en una herramienta de comunicación irrenunciable para las marcas.

               Otra variable con la que juegan las industrias culturales es el miedo, puesto que se trata de la emoción con mayor capacidad para transformar la conducta humana. Nos encontramos en constante búsqueda de seguridad, esta es la razón de la tendencia al conservadurismo que aferrándose a la tradición, cierra las puertas a todo propósito de acción, pues es congénito a la incertidumbre.

               La vida en sociedad no es más que el efecto de miedos innatos del ser humano, al igual que una manada de cebras, necesita diluirse entre la masa, y es allí donde las corrientes avivan el oleaje, es decir, una persona se siente realmente honesta y viva cuando delega la responsabilidad de sus actos.

               El ser humano, fruto del miedo al castigo, delega la responsabilidad de sus actos, pero todo tiene un precio, y en este caso el precio es renunciar a sí mismo. En publicidad, la figura del líder de opinión es tan importante por el hecho de que el resto de componentes de su grupo son seguidores que delegan la responsabilidad en él. Pero esto es a pequeña escala, pero si a esta misma situación le sumamos componentes y le restamos años, llegaríamos hasta el feudalismo de la edad media en la que el noble proporcionaba seguridad y protección a sus esclavos. ¿Qué les frenaba? ¿Acaso podían estar peor que en estado de esclavitud? ¿De qué me sirve mi vida si no soy yo quien la gobierna? De seguir añadiendo componentes, tendríamos que empezar a hablar de imperios. Emperadores que al igual que el pastor, pone a buen recaudo a sus súbditos en el interior de sus murallas. ¿De qué pretende defenderse el hombre? Del hombre. Lo paradójico es que eran los súbditos (esos que buscaban seguridad) quienes formaban las primeras filas del pelotón del ejército del emperador, el defensor termina por ser el defendido. Pero se sentían bien con lo que hacían, respondían al sentimiento patriótico que de ellos se demandaba, y esto les hacía sentir seguros, sino su sociedad los excluiría por su conducta desviada. Aquí se manifiesta la idea del enfoque sociológico sobre la desviación social que dice no considerar ningún acto desviado hasta que la clase predominante lo clasifique como tal, y para tener control sobre ello se establecen una serie de castigos y recompensas. Por ello la desviación no es culpa de quien la comete, sino de quien pone las normas. ¿Podríamos acaso hablar del bien sin moral ni Dios?

               En la actualidad, la televisión es una industria cultural al servicio del consumo con capacidad de extender de forma masiva mensajes de aprobación o rechazo a nuestra conducta. Y puesto que está al servicio del consumo, quien no sucumba a su servidumbre, corre el riesgo de exclusión social.


               Se ha llegado a la conclusión de que en televisión no importa la verdad, sino la veracidad que se refleja en los mensajes positivos, negativos, prescripciones y tabúes que el espectador interioriza. Y para transmitirnos de forma eficaz esos mensajes, se sirven de símbolos y estereotipos de los que tenemos una imagen común preconcebida,(puesto que compartimos unas mismas reglas sociales, un mismo marco de comportamiento) y así ponernos en situación en el momento previo al desarrollo del relato. 

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